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Las tormentas que vienen (cuarta parte) equidad


A propósito del voto nulo y el anulismo, respecto de su influencia en los resultados u especialmente respecto de la conveniencia o no de ejercerlos; del voto nulo, hay tanta “teoría” al respecto, que si beneficia a los que obtienen más votos; que si sólo ayuda a los partidos pequeños para mantenerse en la contienda; del anulismo o del nivel de participación ciudadana, también se afirma que a mayor participación menor voto por el PRI (lo cual se cae al revisar los resultados de las elecciones federales de 1991 y 1994); que si menor participación va en detrimento de las fuerzas opositoras, lo cual también queda sin validez al revisar la federal de 2006 con la menor participación y tres fuerzas políticas.

Otros “factores” que intuyen o creen (lo fieles creyentes) es que el voto duro de los partidos representa una franja mayoritaria de las fuerzas políticas mayoritarias o gobernantes, sin embargo no hay estudio serio de estimación de esa proporción.

Es indudable que hay regiones del país en las que el voto coaccionado resulta muy interesante, repito el caso de Bochil en Chiapas, en donde asistió más del 61% del padrón electoral a votar y más del 82% votó a favor del PRI-PVEM; es más puedo afirmar que en el DF en el proceso electoral último, hubo voto coaccionado para el PRD, pero también puedo afirmar que en este caso ya la población no se amedrenta fácilmente.

Los más “avezados” analistas políticos afirman que “todos los partidos políticos caen en esa práctica en tiempos electorales” sin embargo no hay estudios que muestren de manera fehaciente que la misma impacte sobre los resultados.

La sociedad debe pues revalorar por convicción su participación electoral y como dije antes a mayor calidad democrática, mayor convencimiento poblacional de que su participación es importante o puede modificar algo; pero esa calidad democrática requiere de inversión social, de capacitación política y sobre todo de resultados gubernamentales que les transmitan la necesidad de participar.

Regresando sobre el caso de Nuevo León en donde la participación fue tres puntos porcentuales por arriba del promedio nacional (50.4%); el voto nulo fue de 2.8% en la elección federal) y del 2.4% en la local; en la que se demuestra, en el mejor de los casos que las “fuerzas mayoritarias” tienen “coptada” o convencida a una quinta parte del electorado cada una.

¿cuál fue el mecanismo que logró que la mitad de los votantes lo hicieran por un “candidato independiente”? o cómo la zona metropolitana de la ciudad de Guadalajara reconsiderara su voto a favor de opciones diferentes a las tradicionales.

Bueno, quizá en la intrincada lógica del votante los candidatos fueron capaces de imponerse sobre los partidos y ello les lleva a inclinarse por favorecerlos, pero en realidad, es la libertad con que el votante asiste a la urna la que hace la diferencia, ambos casos (coincidentemente) son poblaciones con perfil alto de ingresos y con estratos poblacionales marginales en edad avanzada.

Veamos ahora el perfil del votante (Parametría abril de abril de 2015) y como dije antes, el único parámetro igualados de las cuatro fuerzas mayoritarias (ahora sí ya conformado en la urnas) es el nivel de ingreso del votante, puede ser que a cierto nivel de ingreso (ahí son más de 15 mil pesos mensuales), se sienta más libre de sufragar a favor de cualquier opción política.

Es obvio que el ingreso personal no puede ser impuesto desde un decreto, pero también es obvio que desde muchas trincheras el ingreso personal se ha venido reducido en términos reales desde hace treinta años; que hoy sólo un selecto grupo de mexicanos alcanza niveles de ingreso superior al promedio nacional, según la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares Mexicanos 2012 el promedio de ingreso familiar trimestral entonces era de casi 38 mil pesos y sólo el 30% de las familias (los tres últimos estratos) estaban por arriba de ese promedio.  El estrato con menores ingresos sólo llegaba a poco más 6 mil pesos y el de mayores ingresos en promedio recibía más de 135 mil pesos.

Esa brecha no se ha cerrado desde 1990, de hecho se ha incrementado de manera sistemática; hoy, juntos los siete primeros estratos de hogares reciben en promedio lo mismo que uno de los hogares de estrato más alto; ese desequilibrio puede en principio decirnos porque en Chiapas y Yucatán (entidades con muy bajo ingreso promedio) votan más del 45% por el PRI; pero no nos responde porque lo hacen también Coahuila, Durango y Tamaulipas (casualmente tres entidades federativas sin alternancia política)

También cinco entidades federativas emitieron sufragio superior al 35% a favor del PAN, BCS, Guanajuato, Querétaro, Sonora y Yucatán; sólo el caso de Yucatán no se explicaría por la circunstancia del nivel promedio de sus ingresos, por lo que quizá hay que revisar las estructuras corporativas creadas en Yucatán por el PAN.

Finalmente, sólo en cuatro entidades federativas el PRD obtuvo más del 20 por ciento del voto (Guerrero, Tabasco, Michoacán y Oaxaca) ahí en todos los casos son resultado de las estructuras corporativas, por cierto en el DF logró el 19.9% del voto en la elección federal, que por cierto es cinco puntos porcentuales menos que en la elección local.

Así pues, las tres fuerzas mayoritarias cuentan regional o localmente con mecanismos de coptación o coacción del voto, quizá el que menos incurre en esas prácticas es el PAN, desmantelarlas implica necesariamente llevar empleos o trabajo (preferentemente bien remunerado) a esas comunidades.

Desde hace más de 20 años, el campo mexicano ha sido abandonado; las mafias del crimen organizado se han apoderados de vastos territorios y las poblaciones sobreviven, con lo que estas les dejan (bajo amenaza de muerte incluso)
Ahí en las comunidades rurales de México es importante el impulso de las actividades primarias, que garanticen ingresos (en principio) y con ello se impulse su intención de votar, de participar en la construcción de un nuevo México.
Pero hoy otras zonas del país, en las que la industria está invistiendo, hoy nos dicen que somos los primero productores y exportadores de (una infinidad de productos), pero los niveles de ingreso personal y familiar en lugar de mejorar decaen.
Cadenas que atan las voluntades.

Insertos en la globalización dejamos de pensar en la mayoría de los mexicanos, para dedicar nuestros esfuerzos a satisfacer los mercados internacionales; parte del voto corporativo, de la coacción del voto y de la inequidad electoral está en la inequidad social.

Asi que en lugar de indignarnos contra la anulación del voto debíamos indignarnos contra la inequidad social que propicia una gran parte de la inequidad electoral.

Basta de crear pobres para lucrar con su voto.

SALUD

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