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Por que narcoviolencia

Hacia la década de los 70 y quizá durante toda la “administración” federal de López Portillo, como lo dice Anabel Hernández en “Los Señores del Narco” el narco “financió” muchas de las actividades gubernamentales, “pagaba” una cuota por operar y operaba sin contratiempo sin embargo desde principios de esa década los “administradores” se metieron al negocio y se descompuso el “equilibrio” entre las fuerzas de mercado (como dicen los neoliberales)

Ayer revisaba datos del nivel de violencia de mediados de los ochenta en el país, datos que hayan “impactado” por su crudeza a la sociedad mexicana y me encontré el caso de un comandante de una policía estatal masacrado o en de una familia acribillada (el primero en Jalisco y el segundo en Sinaloa), hoy esas notas son cotidianas y en ocasiones hasta irrelevantes para la mayoría de la población.

El “hecho relevante” fue en 1984 en que se “intervino” el rancho El Búfalo en el estado de Chihuahua y se “descubrió” que un señor de nombre Rafael Caro Quintero, sembraba ahí marihuana como si fuera forraje para ganado, de hecho en la nota que revisé se habla de manera “alarmante” de que en El Búfalo se “descubrió” una cantidad de marihuana que garantizaba el consumo norteamericano (de todos los estadounidenses) hasta por varios meses.  SALUD

Al iniciar el año 1985 y como consecuencia de esa “incautación” es secuestrado y asesinado Enrique Camarena Salazar (aunque en realidad se sabe que era parte de un comando “infiltrado” en el cartel de Sinaloa) ese evento conmocionó de manera mediática a México, su violencia (o la repetición hasta el cansancio del evento en las televisoras) y la “relevancia” del muerto, fueron un momento de trastoque en los niveles de violencia nacional.

Ese es quizá el acontecimiento que muestra con crudeza el intento del Estado mexicano por trastocar a las organizaciones criminales nacionales, por tomar el poder del narcotráfico y pasar de actores pasivos a actores activos en esa actividad.

Sin embargo, en el ámbito político económico existieron dos hechos que pusieron en entredicho la estabilidad y legitimidad del sistema, primero el descontento social que terminó con la masacre perpetrada por el Ejército el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y después el fuerte impacto económico de la crisis de 1982 en las familias mexicanas.

Esa crisis del estado mexicano, de sus instituciones, de sus personajes y de sus “métodos” cambiaron además de la percepción directa de los políticos, en el imaginario nacional (especialmente entre clases medias estudiadas o con estatus social) se observaba un gobierno corrupto, incapaz de hacer cualquier cosa, pues estaba infiltrado era parte del problema, de hecho en los medios (aun en los oficialistas) era común encontrar historias de policías rateros, corruptos, secuestradores.  Se “tenía la percepción” de un estado federal involucrado con actividades ilícitas y (por lo tanto) inactivo.

El sismo de 85 fue el primer detonante de organización social independiente (especialmente en la ciudad de México) miles de personas voluntariamente, sin necesidad de convocatoria alguna, sin liderazgos y especialmente sin ataduras políticas, salieron a las calles a ayudar con sus manos, con su alimento, con sus cobijas a los damnificados.

Esa “erosión social” se manifiesta en las urnas en 1988 cuando las grandes plazas son perdidas por el hasta el entonces partido único o el partidazo, sin embargo (de manera oficial) no le alcanzó para echarlos de las arcas nacionales y el rumbo económico del país toma nuevos derroteros, se reducen drásticamente el gasto público y los subsidios, una política salarial restrictiva y sobre todo, se impone un régimen liberal que privatiza todo lo que encuentra y permite el ingreso de todo tipo de mercancías a México.

Ahí inicia la “modernización” de nuestro país, todas (o casi todas) las “reformas” que entonces denominaron ESTRUCTURALES tuvieron efectos negativos en el plano social, así para finales de la administración salinista se vino otra macro devaluación con efectos aun mayores en la sociedad y para finales de la década la pobreza alcanzaba a más del 40 por ciento de la población.

Con instituciones cuestionadas, con una estructura social muy mal atendida los carteles de la droga durante la década de los 90 se ocuparon de atender el campo, a los jóvenes y a las empresas de todo el territorio nacional, sus raíces se fortalecieron y desplazaron todo tipo de autoridad, además un impacto mediático demoledor que mostraba los vínculos de la “autoridad” con todo tipo de acciones criminales y graves conflictos socio-económicos nacionales, el Estado pierde capacidad para “negociar” con las organizaciones criminales, de hecho la “negociación” se da entre ellas, para dividir territorios y actividades.

Entre 1994 y 2000 el Estado estaba más interesado en evitar una generalización del descontento social que en atender el problema de las drogas, los gobiernos (el federal y los locales) se enfocaron a atender el deteriorado nivel de vida y aspectos de índole económico y descuidaron a los carteles.

El sistema corporativo y clientelar creado y mantenido por los regímenes priistas comienza a desvanecerse tanto en el ámbito formal como en el de la ilegalidad donde regulaba el mercado de drogas.  Como consecuencia de la combinación de todas estas variables y de otras más, se produce un importante incremento de la violencia política.

El Régimen reactivo se consolida durante la administración foxista, en que para evitar cualquier daño político, se deja a las organizaciones criminales actuar de manera libre y dada la floreciente actividad delictiva, los enfrentamientos entre ellos empiezan a ser cada vez más frecuentes y violentos.

Ya para cuando caldeRon asume el gobierno e inicia su guerra la descomposición ha alcanzado a todos los niveles de gobierno, en algunos lugares ellos eran gobierno, ellos dirigían y administraban, ellos controlaban y decidían.  El intento de replegarlos a partir de la presencia militar sólo incentivó a los criminales a hacer frente al estado y a todos los que fueran o parecieran sus aliados.

En la guerra cayeron por igual delincuentes que no delincuentes, el nivel de violencia se incrementó sin paralelo y el Estado mexicano en esa lucha gastó recursos que pudieron haber sido utilizados para cosas verdaderamente importantes.

La narcoviolencia o violencia causada por las actividades criminales en México es hoy imparable, no hay rincón del país en la que no se observe como algo cotidiano, su impacto económico y social ha escalado a niveles que en los años 80 no nos podíamos imaginar y parece que no mejorará, pues el empeño por enfrentar a un monstruo con atrocidades iguales, sólo genera mayores niveles de violencia.

Además de que genera un gasto social innecesario, causa un impacto mediático que desgasta instituciones, produce repudio generalizado en amplios sectores poblacionales y no lleva a soluciones reales del verdadero problema.

Los criminales hoy gastan millones en defender “su negocio” hay millones de mexicanos que viven de esas actividades (según reconoce la propia autoridad un 50 por ciento) y una parte importante de la actividad económica formal está infiltrada.

La narcoviolencia se ataca con inteligencia (cosa que el Estado mexicano y sus "instituciones" desconocen), pero muy especialmente aplicando la ley.

Solo de escuchar al señor Peña, empeñado en atacar la demagogia (escupiendo al cielo) y el autoritarismo (modiéndose la lengua), pues ya no tiene argumentos contra los populistas;

SALUD

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