Cuba flotó durante décadas como asociado de la Unión Soviética y dependía en gran medida de los subsidios, beneficios y aportaciones que esta hacía al Estado cubano. A finales de los años ochenta esos apoyos comenzaron a reducirse y, a inicios de los noventa, se interrumpieron definitivamente.
En ese contexto, el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari ofreció a Fidel Castro un apoyo emergente para el suministro de petróleo, bajo un esquema contractual.
Con la desaparición del bloque soviético, México comenzó a entregar de manera sistemática una cantidad de petróleo que cubría una parte importante de los requerimientos energéticos de la isla.
Desde 1980 existía el Programa de Cooperación Energética, un acuerdo regional que preveía la entrega de petróleo a diversos países del Caribe. Tras la caída del bloque socialista, Venezuela propuso la incorporación de Cuba como beneficiaria de dicho programa y, a partir de 1992, comenzó a suministrarle petróleo bajo esquemas de financiamiento y créditos blandos.
México, por su parte, continuó entregando parte del requerimiento petrolero cubano mediante contratos. Sin embargo, hacia 1998 la deuda acumulada por la adquisición de petróleo y otros productos resultó impagable y, a solicitud del Estado cubano, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público decidió cancelar una parte y reestructurar el resto.
Como puede observarse en la gráfica correspondiente, entre los años 2000 y 2018 la entrega de petróleo a Cuba fue continua, permanente y con variaciones relativamente menores. Si se quiere identificar algún cambio relevante, este puede apreciarse en 2007 y 2012, primer y último año de la administración del borrachín Felipe Calderón.
Durante las administraciones panistas, buena parte del petróleo entregado a Cuba fue pagado de manera marginal o no fue liquidado, lo que llevó a que en 2013 el gobierno de Enrique Peña Nieto cancelara aproximadamente el 70% de la deuda —unos cinco mil millones de pesos— y reestructurara el resto.
Desde 2019 y hasta la fecha, México ha continuado entregando a Cuba cantidades de petróleo similares, en el orden de entre ocho y diez mil barriles diarios, sin una contraprestación monetaria explícita.
Es razonable suponer que, dado que el Estado venezolano ya no suministra petróleo a la isla, México esté cubriendo una porción mayor que permite a Cuba mantener su nivel básico de producción y consumo energético.
No caigamos en provocaciones ni permitamos que ciertas estructuras de la derecha pretendan hacer creer que esta entrega de petróleo, realizada por razones humanitarias, va en detrimento de los mexicanos. Cuba, como contraprestación histórica, ha apoyado a México en distintos momentos: en los años ochenta con capacitación a trabajadores agrícolas; en los noventa y dosmiles con asesores pedagógicos para programas de alfabetización y educación primaria en comunidades rurales; y en diversos momentos con conocimientos y desarrollos médicos que han permitido al país enfrentar contingencias, incluida la pandemia, en la que además de médicos, proporcionó personal de salud no médico y medicamentos así como apoyo científico.
La sociedad mexicana es una sociedad solidaria, con redes de apoyo profundamente arraigadas. Hoy le damos al vecino unos tacos para que pueda comer, sin esperar que mañana nos ayude a arreglar una chapa o a recibir un paquete que no pudimos recoger. Esa lógica comunitaria se ha erosionado en lo urbano, pero sigue viva, sobre todo en el México rural.
En el concierto internacional, México siempre ha sido un país solidario: ,no da esperando una contraprestación inmediata, pero históricamente siempre recibe. Así ocurrió durante la pandemia, con el apoyo de países como China y Cuba.
Ser solidarios implica entregar lo que podemos sin exigir nada a cambio, pero confiando en que, llegado el momento, recibiremos todo.


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