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Corrupción ¿cáncer social? o insectos

Según el señor Peña Nieto (que sigue cobrando como presiente de la República) la corrupción: “es un tema yo insisto de orden cultural. No puedes dejar que sea una única institución la que nos garantice que no habrá corrupción en el país” pues, según Roger Bartra (antropólogo a quien admiro y respeto incluso pese a su “Fango sobre la democracia”) “me parece que hoy una gran parte de la sociedad civil rechaza las prácticas corruptas

En realidad la corrupción en México además de tener raíces profundas y de contar con ramificaciones bien afianzadas en sus entrañas, es por definición de los entes corruptos un hecho indubitable, un factor interviniente de manera permanente en el actuar individual, pero muy lejos de ello, la mayoría de la población mexicana NO ES CORRUPTA, es más la mayoría de los mexicanos detestamos esa actitud (aunque por desgracia algunos participan de ella y la alimentan) señalar que la corrupción es una cuestión cultural, es casi marcar el destino nacional o esperar que dado el fenómeno, es imposible su combate.  Inserté "La tiendita de la confianza" sólo para ilustrarlo.

Desde los años 70 se ha propagado esa versión que casi marca a la población y denigra a la sociedad, pero muy por el contrario se nos ha dicho que la población dedicada a actos delictivos es muy pequeña, es una minoría nacional y que los “buenos” podemos ganarles. 

No entiendo, por lo tanto porque según la versión oficial son sólo una minoría los malos y los buenos pueden lograr derrotarlos, pero la corrupción es cultural, es decir es parte inherente a la sociedad, es más casi “es parte de la mugre civilización nacional

En realidad los claro obscuros de los discursos oficiales siempre me han parecido tan evasivos de las realidades nacionales tan ajenos a la realidad y tan “convenientes” para “explicar” lo que pretende explicar, que hasta desconfío de su difusión.

Precisamente tras el “ejemplar” proceso electoral de 2006 (que por cierto Roger Bartra desmenuzó también a su conveniencia) el discurso oficial que siguió alentando el odio (ya de por sí exacerbado en amplias capas poblacionales) hizo ver a los inconformes como una horda bárbara que impedía la libre movilidad de TODOS los otros citadinos (cuando en la realidad era sólo un muy pequeño grupo de habitantes y visitantes de esta capital los que verdaderamente sufrían las consecuencias); cuando se trata de transmitir (y hacer creer que eso que se transmite es absolutamente cierto) se ocupa a los medios para hacerlo, veamos hoy el caso de la zona metropolitana de Guadalajara en donde el discurso oficial culpa a los transportistas (de pasajeros) de ser irresponsables y cuasi animales (ocupando de manera profusa a los “medios” de comunicación como transmisores de imágenes que exacerban los ánimos poblacionales).

Ahora el Senado de la República lanza una campaña para hacernos ver que la corrupción, como los insectos están en todas partes, sin embargo olvidan que la corrupción que agrede, que insulta, que ultraja, que impide el desarrollo y que humilla a los mexicanos, no es un insecto, es un bicho mucho más grande, es un cáncer que corroe, es un tumor que acaba con nuestra salud, es un grupito de rateros (incluidos algunos senadores) que apoderado de las arcas nacionales hacen todo tipo de negocios con sus cuates para su beneficio, para el beneficio de sus familias y para el beneficio de otro grupito de empoderados.

El discurso de la corrupción como parte de la cultura nacional es en esencia maniqueo, casi instigador, así como una “invitación” a sumarse al grupo de corruptos, en lugar de atacarla, de denunciarla, de perseguirla, de acabarla; “vengan, súmense y serán más felices”; el discurso de comparación con los insectos, además de simplista resulta estúpido.

En realidad la corrupción no es parte de la cultura nacional, ni son bichitos que nos hacen daño a todos; son unos cuantos, los que se han beneficiado de ella desde siempre y los que amparados en el velo de la impunidad siguen propalándola como parte de todos, como un “mal necesario” en realidad la corrupción es un cáncer, (quizá muy avanzado) pero puede extirparse, pues las células CORRUPTAS están perfectamente identificadas y bastaría con hacerles saber de manera clara que ya no se les permitirá seguir dañando al resto de la sociedad.

La corrupción en México, no es consecuencia social, es causa social, pues en algún momento nos hicieron creer (y algunos creyeron) que siendo corruptos nos iría mejor.

En 2010 se estimó que entre el 10 y 13 por ciento del ingreso familiar era destinado a actos de corrupción, entonces además se sabía que los costos (comisiones y otros) del sistema financiero a las familias mexicanas consumen entre en 3 y 4 por ciento de los ingresos totales.

Ahora que ya el gobierno a través de su titular deja saber que el problema no es suyo, sino nuestro; y el poder legislativo a través del Senado nos informa que "como los insectos está en todos lados" quizá sea tiempo de hacerles saber a esa bola de corruptos que hay otros mecanismos de corrección, quizá una tea o algo así como la exposición pública.

Son 900 mil millones de pesos, los recursos que le entregamos al gobierno y él destina a cosas que no necesitamos o que algunos de sus empleados "recuperan" como parte de los contratos que entregan; López Obrador habla sólo de 500 mil millones; pero cualquier cifra entre ambas es mucho dinero que la sociedad entrega a sus administradores y estos se roban,  Ese fango, esa mierda que el señor Peña y los Senadores nos quiere hacer ver como culpa nuestra, hay que restregársela en la cara hasta que la entienda.

Ahí en esa opacidad del manejo presupuestal está la casa blanca de la señora y la de Videgaray en Malinalco; ahí está OHL y sus contratos; ahí también está Oceanografía y cientos de "compañías fantasmas" que maman del presupuesto sin contraprestación alguna, ahí están los Moreira, los Duarte, los Ochoa y los Anaya.

En cualquier caso algo que no agreda a la ilustre figura de Roger Bartra y no la vaya a catalogar de fango, quizá hacerlos caminar sobre espinas (con rosas) para que el señor Bartra no se ofenda.

Pues aunque a Bartra le moleste que hayamos tomado Reforma, a nosotros nos molesta mucho más que la corrupción se nos endilgue para que ellos queden impunes.

SALUD

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