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De los Niños héroes a Ayotzinapa

Se le conoce como un “acto heroico de defensa de la patria y la bandera nacional” en realidad cinco cadetes del Colegio Militar (que entonces estaba en el Castillo de Chapultepec) se quedaron ahí (atrapados dicen unos e incomunicados ajenos a la situación dicen otros) con un subteniente (Juan de la Barrera) y pues ahí llegaron las fuerzas armadas estadounidenses y sin guarniciones y sin capacidad de defensa cayeron.

Esa “verdad histórica” que es parte de las históricas verdades de la patria se ha mantenido como parte de los mitos aglutinadores de la identidad nacional pese a que desde hace más de medio siglo quedó demostrado que no hubo tal evento.

Ese evento referido a la intervención norteamericana en 1814 (antes del surgimiento de la patria) se ha trasmitido como evento vivo y vivificador del surgimiento de la patria, se ha reproducido incluso en textos escritos, radiales, televisivos y hasta cinematográficos; ha sido parte de los mitos (de los muchos eventos mitológicos) que favorecieron el nacimiento de la nación.

Esos “niños héroes” convertidos en ídolos, en parte de los muchos fetiches nacionales, fueron utilizados por el “nacionalismo revolucionario” como parte de las razones de la defensa de la niñez, bajo la bandera de la defensa de la niñez desde 1929 surge “La Gota de Leche” (antecedente más remoto del actual Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF); en 1961 Eva Sámano de López Mateosideó” el Instituto Nacional de Protección a la Infancia (IMPI) y la parafernalia gubernamental usó a los niños héroes como “ejemplo de voluntad y nacionalismo en la defensa de nuestra patria”.

En 1968 ese se convirtió en el Instituto Mexicano de Asistencia a la niñez (IMAN) y volvió a surgir la “defensa de <integral> de la infancia” y volvió a ponerse por delante el “ejemplo” de los niños héroes; el uso de símbolos como parte de un régimen caduco y acrítico.

El DIF es quizá el último de los grandes símbolos de los gobiernos de la revolución y siempre ligado a la defensa de la niñez; pero en un país que poco hizo por transcribir esos actos de protección en realidad; en un país que por una parte destacaba el “bono demográfico” como un reto para el desarrollo nacional, pero sus “instituciones” estaban lejos de favorecer ese desarrollo nacional a partir de la protección integran de los niños y jóvenes que hacia finales del siglo serían la mayor fuerza productiva nacional; olvidaron la creación de estructuras educativas; desatendieron el ámbito de la salud y, sobre todo, fueron omisos en la generación de empleos.

Un país que cuando esos niños de los años 70 estaban en plenitud de facultades ingresó a una aventura neoliberal también “por el bien de los jóvenes” decía Salinas y para que “ellos tengan mejores oportunidades que las generaciones de mexicanos que las crisis recurrentes han empobrecido y expulsado

Durante los últimos años del siglo pasado y los primeros de este, la población infantil de los 70 pasó a ser parte de la fuerza productiva nacional, en un país que no desarrolló capacidad productiva para darle cabida a esos millones de niños de los 70, que desarrollo una deficiente e insuficiente capacidad educativa y un pésimo sistema de salud, para atender a esos niños de los 70 y en un  país que en la vorágine neoliberal despreció su “bono demográfico” de los 70.

Hoy el colegio militar está en la carretera a Cuernavaca (una muy extensa y lujosa fortificación) y da cabida a miles de mexicanos que ya nacieron en el México “moderno”; hoy el Castillo de Chapultepec (después de haber sido la sede del poder presidencial) es un simple museo en donde millones de mexicanos (niños, adolecentes, jóvenes y mayores) pueden conocer un pedazo de la historia nacional gratuitamente (creo)

Desde 1995, anualmente millones de mexicanos que ingresan al mercado laboral, lo hacen en las estructuras ilegales (informales dicen en la SHCP), cientos de miles lo hacen a estructuras llanamente criminales; desde 1995 miles (decenas de miles) de jóvenes mexicanos son parte de los mexicanos “desaparecidos”, “abatidos” o muertos por causa (directa o indirecta) del crimen organizado nacional.

Hoy México cuenta con más de 36 millones de mexicanos sólo en territorio estadounidense y no son jóvenes que hayan ido a reclamar el territorio que en 1842 entregó Peña y Peña (de otros Peña), tampoco son parte de un ejército de infiltrados que haya ido a vengar la invasión de 1814 y las otras posteriores (incluida la económica de 1994)

Hoy México produce unos 2 millones de mexicanos pobres al año y expulsa al exterior otro millón; en su territorio mueren o desaparecen unos 30 mil mexicanos anualmente.

Hoy en México nos hemos acostumbrado de una manera brutal a la coexistencia de la desigualdad social (56 millones de pobres y el hombre más rico del planeta), de la inequidad en la posibilidad de ingresos (cientos de empleados públicos con hasta 700 salarios mínimos y millones de mexicanos con menos de 3 salarios mínimos), de la violencia como parte de de la “resolución” de conflictos (27 mil muertos anuales) y de una brutal “normalización” de la intimidación como mecanismo de ataque oficial a sus opositores (actos de intimidación y represión contra opositores y disidentes).

Hoy en México, miles de jóvenes estudiantes abandonan sus estudios y son lanzados a la búsqueda de ingresos para sus actividades personales, políticas y sociales; cientos de ellos son captados por organizaciones criminales y decenas por organizaciones paramilitares enquistadas en las fuerzas públicas de seguridad e inculpados de delitos que no cometieron.

La agresión cometida contra normalistas en Iguala, contra jóvenes estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, aunque brutal y trascendente, es un acto de los muchos que a diario suceden en México contra os jóvenes que en su ímpetu por cambiar las cosas simplemente son forzados a dejar la escuela; ingresar al mercado “informal” de trabajo; aventados a las organizaciones de crimen organizado e inculpados por delitos que no cometieron.

Los eventos de Iguala (hace un año) son actos cotidianos en Guerrero y gran parte de la república mexicana, contra jóvenes que desean (quizá como los “niños héroes”) cambiar esas condiciones de nuestra patria y que simplemente son atacados por la “autoridad” o sus grupos paramilitares y acaban siendo parte de los “inculpados” por un delito que no cometieron.

Pero un país que hace eso con su juventud está destinado a cambiar, pues hoy en México el 50% de la población tiene menos de 35 años y espera entregar un mejor destino a sus hijos.

SALUD

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