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Historias de Michoacán

Fechada el 18 de enero una nota de “excelsior” de llamó la atención decía “Una hija, ’templaria’; el otro, ‘autodefensa’; conflicto desgarra a familias en Michoacán” y ayer en plática con mi hijo, hablábamos respecto de la “temporalidad” de esa descomposición en ese estado de la república (hasta supongo que me lee), por ello quiero platicarles estas historias:
  • A)     Un abuelo maderero
Hacia principios de los 70 en la secundaria, tenía un compañero cuya familia vivía en Ciudad Hidalgo (saludos Rogerio) no tenía padre y su abuelo se hacía cargo de los gastos de la familia en el DF, en las vacaciones de verano me invitó a su pueblo (viajamos en un AM clasic del 66) junto con su familia (él era el mayor)

Su abuelo era maderero (de los grandotes) en esa cabecera municipal, era un hombre respetable al que una distribuidora de Chévrolet le dejaba un tráiler sólo con su palabra y la promesa de que lo iba a pagar.

Desde que llegamos observe (yo siempre ha sido muy metiche) que se separaba la madera en dos, tres y hasta cuatro espacios diferentes, que alguna de ella no contaba con los sellos correspondientes (creo que de la SARH entonces) que los camiones (tráileres inmensos) que la cargaban lo hacían en “horarios” poco comunes para esa labor (después de las 23 horas y hasta la madrugada) y que no se les entregaba facturación (sino una simple orden de compra)

De hecho, Don José (como conocían al abuelo de mi amigo) que en realidad se llamaba Juan Jesús, se encargaba de dar indicaciones a cada uno de los conductores de las unidades respecto de que carreteras tomar y “que decir” respecto de la carga.

Ellos, como otros muchos madereros locales, explotaban bosques sin los permisos correspondientes y con el contubernio de la autoridad local.

Eso siguió pasando durante más de 10 años, sin que la autoridad federal (que tiene y siempre ha tenido la atribución de resguardar las reservas ecológicas nacionales) se percatara, sin que la autoridad local (que siempre está al pendiente de las unidades que circulan por las carreteras lleven los permisos correspondientes) sin que naiden (así) “observara” cosa rara en el asunto; después el cobro de “derechos” lo empezaron a realizar “amigos” de las administraciones locales y a partir de los 90 miembros de bandas de organizaciones criminales, todo ello a la luz del día y con la complacencia del delincuente (maderero) de la autoridad local y de la autoridad federal.
  • B)      El tío Lérimo
Ya en el bachillerato un compañero tenía familia en la región de Uruapán, un tío que decía llamarse Lérimo (yo la verdad nunca había escuchado eso nombre y creo que nunca más lo volví a escuchar)

El tío Lérimo era propietario de una agencia funeraria en el centro de Uruapán y siempre “ayudaba” a personas en desgracia, entre sus muchas actividades cuando sucedían desgracias fatales (con muertos) en carretera, se presentaba amablemente para ofrecer sus servicios a los deudos e incluso les ofrecía los servicios de traslado de los cuerpos a cambio de la unidad accidentada (claro como una forma de apoyarlos en esos momentos) y verdaderamente trasportaba los restos de o los occisos y regresaba con sus facturas de los vehículos, inmediatamente después hablaba con su “sobrino” (que supongo eran más de uno) para “informarle” que tenía la factura de un Datsun 72 azul y que necesitaba la unidad para poderla vender.

El tío Lérimo además tenía un tallercito en donde siempre salían relucientes los autos deshechos en carretera (sin que la autoridad local supiera cómo) y generalmente se vendían muy baratos en la misma localidad (también sin que se supiera cómo) en fin, la “autoridad” local volteaba para otra parte pues el tío Lérimo ayudaba a todos (con parte de la tajada de la actividad ilegal), así siguió sucediendo hasta los 90 en que se trasladó el “pago” de los derechos a un tercero y después al crimen organizado.  SALUD
  • C)      Los aguacateros de Apatzingán
Hacia finales de los 70, ya por placer de viajar me tocó estar en una finca aguacatera de Aguililla (saludos Maricela) ahí en mi primer caminata bajo los frondosos aguacates mi percaté que había siembra de marihuana y pues me enteré que esa “era práctica común” pues desde el aire (en los reconocimientos de las fuerzas de seguridad) no se podía distinguir, además pues en la Presidencia municipal sólo había que “entrarle con una partecita” para que en los “manifiestos” no apareciera la yerba estupefaciente.

Los aguacateros (todos los de Aguililla) sembraban y cosechaban marihuana (además de aguacate y cuando exportaban, iban juntos los productos, ellos incluso tenían una asociación (para la que aportaban no menos del 10% de la venta de la hierba) de asistencia legal que hacía frente a “cualquier” problema.

El pago de la “partecita” de la autoridad municipal, se trasladó a unos “amigos” de la presidencia y después llegaron unos señores que se hicieron primero cargo de la asociación de defensa legal y cobraban un 15 por ciento de las ventas, hasta que ahorcaron a los aguacateros  y los “obligaron” a pagar hasta por el número de sirvientes que había en la casa.

Después esos “aguacateros” amaron a sus “guardias” para no pagar la protección de los nuevos administradores, en fin, se hizo un margallate gracias a la falta de acción de la autoridad local y al contubernio con los nuevos administradores de la asociación por la ilegalidad en la siembra, cosecha, embalaje y venta de marihuana.

Hoy hay un grupo de malos malos; uno de malos buenos; otro de buenos malos y uno (muy pequeño) de buenos buenos.
  • D)     Lázaro y la venta de alcohol
Para mediados de los 80 (ya siendo gobernador Lázaro Cárdenas) estuve en Morelia desde un jueves, en plena época de la “prohibición” de la venta de licores después de la 22 horas, sin embargo en el hotel Virrey de Mendoza podías pedir una copa (y todas las que necesitaras) a cualquier hora.

Es más, en su recepción se encargaban de entregarte una propaganda de lugares que “debías” visitar, entre ellos uno llamado “news dancin club” en donde podías encontrar diversión a cualquier hora.

Para llegar al lugar había que contratar un taxi (si ibas en auto unos tres kilómetros antes te bajaban de carro y ellos se encargaban de que llegaras) ahí había además de los mejores licores y cocteles, buenas compañeras de mesa y algo más y una gran cantidad de cualquier cosa que necesitaras.

La autoridad municipal pues sólo pasaba por la cuota y las estatales recibían algo para hacerse de la vista gorda.

Cómo explicar lo que pasa en Michoacán hoy, sin entender todo lo que pasó desde hace 40 años cuando menos.

SALUD


Comentarios

  1. Muy interesante, supongo que lo mismo pasa en todo México; yo en Sonora he visto mucha tranza, irregularidad y "privilegiado." Los sobrinos de los gobernadores y los gobernadores son los que más se llevan, el anterior se llevó unos 80 millones de dolares, si no es que más. La corrupción depende mucho del pueblo, al que le gusta conseguir de todo a cualquier hora. La culpa en sí la tiene el pueblo.=(

    Excelente información, le agradezco.

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