Este es un cuento no tiene nada que ver con la realidad. La Vestida así le decían, es de todos conocido, creo. Pues andaba por ahí por Chihuahua con la intención de entrevistarse con una señora: Maru creo que le dicen, de hecho los presentó el jaguar (creo que así le decían), él era fiscal o trabajaba en la fiscalía de Chihuahua o algo así. La Vestida llevaba un pequeño expediente unas 15 hojas, pues desde hace un par de décadas él se convirtió en informante, colaborador, amigo o informante de una compañía gringa que tiene la intención de desestabilizar gobiernos en todo el mundo. Le acompañaban unos 10 empleados de esa compañía, esos señores tenían la encomienda de: “lograr la captura en territorio mexicano de un objetivo criminal” no importaba que criminal, es más, no importaba siquiera si era importante o no, lo que importaba era intervenir en territorio mexicano y llevarse a alguien. Maru se comunicó por la red interna con su amigo Oseguera y le pidió que le abriera espacios a esto...
No era una prensa amordazada, sino una prensa adiestrada, que se autorregubs, no me entiendo ignorando la verdad, la prensa mexicana desde 1930 y hasta hace unos 20 años, enseñó a leer (escuchar y ver) la realidad con filtros: a desconfiar de la ruptura, a temer al conflicto, a preferir la continuidad incluso cuando la continuidad era el problema. Los avances tecnológicos, los cambios en los mecanismos de comunicación, la introducción de la radio y después de la televisión, no generaron nuevos mecanismos de discusión informativa, retomaron los viejos mecanismos de la prensa escrita y los amplificaron. Lo que antes se leía con paciencia en un “ prestigiado ” diario, ahora se escuchaba en casa (sin interrumpir las actividades cotidianas) o se veía, primero en la sala a las 10 de la noche y después en cualquier rincón del hogar a cualquier hora. La tecnología amplió el alcance; el método permaneció intacto. La prensa cortesana no sirve a la verdad: sirve al poder. En México, una parte cen...